Sábado, 29 de octubre de 2005 | 19:35

No señor, no se lo tolero-

No, no voy a tratar de justificar la existencia de mi país. Es un hecho tan concreto, real y palpable, que ha sido debidamente reconocido por la comunidad internacional. La que también lo ha admirado una y otra vez por sus realizaciones, y sus numerosas contribuciones a la civilización occidental.

por Moshé Yanai


No, no voy a tratar de justificar la existencia de mi país. Es un hecho tan concreto, real y palpable, que ha sido debidamente reconocido por la comunidad internacional. La que también lo ha admirado una y otra vez por sus realizaciones, y sus numerosas contribuciones a la civilización occidental. No hace mucho que uno de los más conocidos comentaristas españoles, al pasar revista a las naciones del Medio Oriente y evaluarlas, una por una, casi ni mencionó a Israel. “Se trata de un país occidental y democrático en todos los aspectos”. Y pasó de largo. Es decir, la excepción de la regla en una zona del mundo tan problemática y acosada por la miseria, la ignorancia y otros males que bien se conocen.

De modo que me perdone don Mahmud Ahmadineyad que, como es sabido, es el Presidente electo de esa nación fundamentalista islámica llamada Irán, que estima que se ha de borrar del mapa a mi país. Nadie le ha pedido su parecer, y quiera o no quiera, le guste o no le guste, Israel es una realidad que ha de perdurar. Mejor hubiera hecho en tratar de llegar a comprender este hecho tan simple, y aceptarlo. Y encontrar el modo de convivir con él, como lo han hecho otros países musulmanes. Hoy vivimos en una aldea global y hemos de respetar y hacernos respetar. Los que no obran así se ponen al margen del consenso humano. De modo que al decir lo que antecede no ha hecho otra cosa que poner en tela de juicio precisamente la anomalía de que exista un régimen tan racista, fundamentalista y retrógrado como es el de Irán. Téngase en cuenta que no se ha hablado de un país, sino de su régimen. Nosotros respetamos todos los países y tampoco nos inmiscuimos en sus asuntos internos. Pero ese señor de Teherán ha cruzado todas las líneas rojas al haberse expresado así. Puede tener misiles de largo alcance y hasta enviar satélites al espacio; pero en definitiva se trata de un país que desea regresar a tiempos pasados, a una época obcecada de inquisiciones y fanatismos, que afortunadamente ya ha pasado de moda, y no es aceptable para nadie.

Estimo que huelgan los comentarios ante una declaración tan absurda y atroz a la vez. Lo que sí diría es que esas expresiones son un toque de alerta, y bien haría el mundo progresista en escucharlas, comprender su significado y dejar de encogerse de hombros: aquí se plantea una situación que un mundo civilizado no puede tolerar.

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