Lunes, 26 de enero de 2004 | 11:27

Los Protocolos De los Sabios de la Información- (Segunda parte)

Texto de la segunda parte de la Conferencia realizada en el Mar Muerto por el Keren Hayesod. Por Pilar Rahola.


.- En perfecta coherencia, si Sharon es malvado e Israel es un estado ocupante, la paz no la quieren los judíos. Esta afirmación, dicha con más o menos transparencia, late en el fondo de los artículos que culpan a Israel. Especialmente está presente en muchos colectivos que son antiisraelíes con buena fe, aunque ya se sabe que la buena fe puede promover desastres… Sin embargo, nuevamente la paz ni está hoy, ni ha estado nunca en Tel Aviv. No la estuvo en el 48, ni en el 67, ni en el 73, cuando Israel las conquistó por derecho de Victoria, después de haber sido agredida. También ahora, como entonces, se defiende de una permanente agresión cuyos agresores viven en Palestina, pero cuyos hilos se mueven a centenares de kilómetros. La paz no está ni en Sharon, ni en Barak, ni la estuvo en Rabin, quien firmó los Acuerdos de Oslo porqué Arafat había prometido la paz. Oslo en el 93 con Rabin. Netaniachu en el acuerdo de Hebrón. Barak en el 2000 en Camp David. Y sin embargo, no hay paz. ¿Por qué no quiere Arafat? Sin duda, Arafat es un líder de la guerra, pero el centro de la violencia está en Damasco, en Riad, en Teherán, y estaba en Bagdad. Y mientras estas dictaduras teocráticas, basadas en el despotismo y en una lectura patológica del Corán, muevan los hilos del terrorismo palestino, difícilmente ningún presidente israelí podrá firmar la paz. Israel no ha declarado la guerra, pero se la culpa de la situación. Israel no tiene en sus manos la paz, pero se la culpa de no querer la paz.

Protocolos 5,6 y 7. De ahí cuelgan tres distorsiones más de la verdad. Una, que el pueblo palestino se muere de hambre. Otra, que solo los palestinos son víctimas. La tercera, que Arafat es un resistente heroico. Pero la verdad es muy distinta y se acerca bastante a estos datos:

.- El Banco Mundial ha dado a la ANP el doble por habitante de lo que recibió Europa con el Plan Marshall.

.- La U.E. (que, como denuncia François Zimeray, se niega a investigar) ha dado 330M. de euros para el sistema educativo palestino.

.- Los informes de corrupción política hablan de millones de dólares desviados a cuentas e inversiones de Arafat, entre ellas, inversiones en la planta embotelladora de Coca-Cola en Ramallah, en una empresa de telefonía móvil tunecina, y en fondos importantes en distintos paraísos opacos, entre ellas Islas Caimán.

.- Los oficiales norteamericanos que lo han investigado, estiman que la fortuna personal de Arafat supera los 2 billones de dólares, y de todos es sabido que Suha, su esposa en París, recibe 100.000 dólares mensuales.

.- ¿Qué decir del famoso monopolio de la Corporación del Petróleo General, que compró el combustible de una compañía israelí y lo aguó con querosén? Los propios hombres de Arafat hablan de la pesada comisión que se llevó el Rais.

.- Y todo ello sin hablar de los 50 millones de dólares que Saddam Hussein dio a Arafat por apoyarlo en la Guerra del Golfo, ni de toda la herencia económica de la OLP, especialmente importantes las donaciones de la KGB y de los saudíes.

Sin embargo, es cierto también que el pueblo palestino está en una situación económica deplorable. Pero, ¿es culpa de Israel? Antes de la Intimada, los palestinos tenían el mayor estándar de vida de todos los árabes. Hoy están, según el Banco Mundial, al nivel del Yemen. La corrupción moral y económica de Arafat es de tal magnitud que usa incluso el hambre de su pueblo como arma, mientras acumula fortunas indecibles. La acusación también vale para los países árabes del petrodólar, forrados de dinero, pero que nunca han hecho ni una sola inversión industrial, comercial, infraestructural. Su contribución a la vida de los palestinos es harto más generosa: pagar profusamente al terrorismo.

Es un pueblo víctima, sin duda, pero, ¿por culpa de quién? A parte del hecho histórico que nadie ha matado a más palestinos que los propios árabes, lo cierto es que son víctimas de sus propios líderes, corruptos, envilecidos y fanáticos. Líderes que, como dijo Golda Meir, odian más a los judíos de lo que aman a sus hijos. Víctimas del integrismo islámico, que los destruye como individuos y los convierte en máquinas de matar. Víctimas de unos países árabes que no pueden aceptar un vecino democrático viviendo en paz. Víctimas de una Europa que, criminalizando permanentemente a Israel, les alimenta aún más el odio. Y por cierto, les paga las escuelas donde ese odio se propaga e inculca. La nación islámica necesita esparcir el espíritu de la Jihad y el amor por el autosacrificio, dice, entre otras barbaridades “democráticas” el libro del Ministerio de Educación de la ANP titulado Cultura islámica, obligatorio en 11avo grado. Aunque mañana se firmara la paz, ¿qué haríamos con estos miles de niños educados en el odio, amantes de la muerte y adiestrados en el desprecio a la vida?

La magnificación de Arafat en Europa es lo peor de lo dicho hasta ahora. Traicionero, violento, autoritario, cruel, corrupto y, sin embargo, amado por Europa. Este hombre que con un ojo lee a Marx y con el otro a Hitler, marcado históricamente por su biografía sangrienta, héroe de los Tres Noes y traidor de Camp David (donde engañó incluso a Clinton), y cuyo gobierno deja por herencia un terrorismo sanguinario, un caos económico, un déficit absoluto de bienestar, mafias y fanatismo, este hombre es un héroe para toda la izquierda, para la mayoría de la prensa y para mucha de la opinión pública europea. Los motivos son múltiples y no es nuevo que Europa se enamore de dictadores fanáticos que enarbolan banderas de libertad. Tampoco lo es que, faltada de épica propia, practique un panarabismo romántico irreal y suicida. Pero además, y no lo olvidemos, Arafat es enemigo de Israel y, hoy por hoy, también de EUA. Europa, en su ceguera, tiene suficiente con ello.

El octavo punto de mi particular decálogo tiene que ver con l a minimización del terrorismo palestino, consecuencia de ese síndrome de David contra Goliat que practica la prensa europea. Es así, por ejemplo, como una mujer destruida en su individualidad, corroída por el odio y amante de la muerte, y cuya principal hazaña es poner una bomba en un restaurante de Haifa, no es llamada terrorista sino joven abogada resistente. Europa aún no ha tomado una posición de responsabilidad con el terrorismo, y su indiferencia se convierte en un notable aliado de la violencia.

Finalmente, dos elementos más que culminan este largo proceso de despropósitos que doy en llamar Los Protocolos de los Sabios de la Información: la mentira como práctica periodística y la configuración de una imagen totalitaria de Israel. Sobre la primera no hace falta decir mucho. Está ahí y llena, todos los días, los periódicos. Solo hace falta, por ejemplo, leer la documentación que ampara a la denuncia que Take a Pen ha hecho ante diversas instancias europeas contra la prensa española: 5 cajas de recortes de diarios, diapositivas, mapas y varios CD, así como grabaciones televisivas. Una documentación brutal que demuestra la sistemática vulneración de los códigos deontológico del periodismo y la burla a la verdad. Aún hoy ninguno de estos medias ha pedido perdón por la información que dio de Jenín o Belen, ni ninguno no ha dicho, por ejemplo, que Mohammed al-Durrah murió por bala palestina, o que existieron ambulancias con explosivos, o etc… El periodismo de hoy, especialmente el de izquierdas, ha substituido a la información por la propaganda, y a la idea por la consigna. El resultado recuerda la escuela del periodismo soviética…

Como tal y en su maniqueísmo de víctimas y verdugos, Europa dibuja una imagen totalitaria de Israel que toma cuerpo con cualquier excusa más o menos oportuna. Como si no fuera atacada, como si no muriera su gente, como si no estuviera en situación histórica de guerra latente, se le niega el derecho a la defensa y cualquier acción es tipificada como antidemocrática. Genocida, apartheid y limpieza étnica son términos usados habitualmente y ello a pesar de que Israel es la única democracia de la zona. La última excusa es el muro de protección. Nuevamente aquí la información cae derrotada por la tergiversación y la mentira. ¿A quién le importa que un terrorista tarde menos en pasar a pie de Kalkiliya a Kfar Saba, de lo que tardarán ustedes en leer este escrito? ¿A quién, los 127 terroristas que pasaron a Israel desde la Ribera Occidental y mataron a 428 israelíes, a parte de los heridos? ¿A quién le importa que 573 terroristas más intentaran pasar? Y, sobretodo, ¿a quien le importa que la valla fortificada de la Franja de Gaza, construida en el 2001, haya conseguido evitar que ni un solo terrorista suicida penetre por allí? Por supuesto, nada se dice de las 42 puertas que permiten el paso de trabajadores, o el hecho que Julián Schvindlerman explicaba en el Miami Herald: en diciembre de 2000 (justo antes de construir la valla de Gaza) trabajaban 3300 palestinos en la zona industrial Erez. Como resultado de la mejoría de la seguridad, h oy 5000 palestinos trabajan allí. A quien le importa…

Continuar no tiene sentido porqué los ejemplos de distorsión están a millares. Pero esto es lo que hay, hoy, en Europa: la recreación de una auténtica gramática antisemita, con lenguaje renovado, pero basado en prejuicios inmorales tan antiguos como la misma Europa. Europa, sin duda, tiene unos nuevos Protocolos. Los Protocolos del siglo XXI.

Finalmente, en su triple traición, Europa traiciona a los ciudadanos de cultura musulmana, y lo hace tanto con su apoyo a sus líderes más despóticos, como con su ceguera ante lo que significa el integrismo islámico. Lo cual es pura dinamita para sus propios intereses. 1300 millones de personas de profesión islámica no son culpables. Ni lo es, tampoco, la fe que los arropa, antaño ejemplo de convivencia entre religiones y hoy refugio de la intolerancia, el antisemitismo y el antioccidentalismo. Pero es cierto que es en nombre de Alá que hoy se alimentan las ideologías totalitarias, las violencias más tenebrosas y los conflictos armados. No hay que olvidar que, de los casi 30 conflictos abiertos en el mundo, más de 20 tienen motivaciones islamistas, desde Cachemira hasta Chechenia, desde Sudán a Palestina. Lejos quedan los ejemplos de Burguiba en Túnez, o de Mustafá Kemal en Turquía, substituidos por una concepción patológica de la religión, convertida en refugio identitario antidemocrático, ahistórico y ferozmente antioccidental. El término que Freud usó para otro momento trágico de la historia, la marea negra del oscurantismo, sirve nuevamente.

No solo el petróleo no ha sido usado para liberar a los ciudadanos y para crear una sociedad ilustrada, democrática y avanzada, sino que el petróleo ha sido usado como una auténtica arma de destrucción masiva, y ha alimentado al terrorismo, a los conflictos sangrientos y a la multiplicación de las madrazas coránicas. En Pakistán, por ejemplo, hay 7000 madrazas coránicas que enseñan a unos 600.000 alumnos. Se calcula que la mitad pasará a ser militante radical. Vivimos en una guerra constante, dice Ibdul Rashid Ghazi, mullah de la mezquita Vermella de Islamabad, y las madrazas deben prepararse para la guerra. Usada la religión como arma contra el progreso, cultivada la gente en el odio a Occidente y sometida a regimenes despóticos, hoy tenemos un montón de países enormemente ricos que, sin embargo, son subdesarrollados. En la mayoría de ellos, hay más desigualdad que en los años 50. La corrupción, las élites inmensamente ricas, las administraciones hipertrofiadas, las prácticas fiscales discriminatorias, unos servicios públicos defectuosos, y unos mullah llamando cada día a conquistar el paraíso por la vía de las bombas, son los diversos pirómanos del fuego que hoy arde en el mundo. Un fuego que usa a los palestinos como gasolina, y a los judíos como carne en la hoguera. La riqueza del petróleo, pues, solo ha servido para encarcelar aún más a los ciudadanos en la cárcel de la ignorancia, el despotismo y el fanatismo.

¿Por qué acuso a Europa de traicionar a los musulmanes? Porqué lejos de analizar la raíz de la locura integrista y de señalar las evidentes responsabilidades, minimiza el terrorismo islámico, practica un antiamericanismo balsámico a oídos integristas, magnifica a Arafat y demoniza a los judíos, cuyo simbolismo está estrechamente ligado a los valores de la libertad. Es decir, creyendo Europa que satisface a los 20 millones de musulmanes que habitan en el continente, en realidad los está condenando. Ahí tenemos, como último ejemplo de ocultación y minización, la acusación que acaba de lanzar el Financial Times contra la Unión Europea, y donde explica que el informe de 112 páginas del European Monitoring Centre of Racism and Xenpohobia (EUMC) de 2001, no ha sido publicado expresamente por la Unión por el miedo que provocan sus conclusiones. El informe detalla, con precisión, la dedicación lógística y económica de decenas de ONG´S árabes para potenciar un nuevo antisemitismo en Europa. El senador americano Robert Wexler envió una carta a Javier Solana pidiendo la publicación del informe. El informe no ha sido publicado. La pregunta, por tanto, es pertinente: ¿A quien beneficia que informaciones de esta naturaleza sean escondidas e incluso negadas? Solo beneficia al miedo.

Desde mi punto de vista, hay que liberar al Islam del Islam nihilista, heredero natural de los dos grandes totalitarismos de la historia. Stalin secuestró la idea de justicia, y destruyó a la utopía. Hitler secuestró a la vieja Europa, y también la destruyó. El integrismo secuestra a lo musulmán, y puede destruirlo por mucho tiempo. En el proceso de autodestrucción, se matará y nos matará mucho. Judíos y no judíos.

Mientras tanto, Europa hace la siesta, siempre observando al mundo con ese ojo tuerto que le dotó la historia. ¿Qué espera para entender lo substancial? ¿Que haya un atentado en París o Londres? Arden las sinagogas de Neve Shalom y Beth Israel y Turquía quema (por el camino, ya de paso, arde una escuela judía en París), pero en Londres se manifiestan 100.000 personas contra ¿…Arabia Saudí, Pakistán, Sudán, Siria…?. Por supuesto que no. ¡Se manifiestan contra Bush! Ese ojo tuerto, enfermo y patológico, que nunca ve donde tiene el incendio…

El antisemitismo no es una cuestión judía. Ni lo son las bombas contra las sinagogas. Ni lo fue Amia. Ni lo es cada israelí que muere bajo el totalitarismo terrorista. El antisemitismo y el terrorismo y el integrismo son una cuestión de libertad. Ustedes, judíos, solo son nuestros canarios. ¿Conocen la metáfora? Los canarios usados en las minas de carbón para medir la contaminación. Cuando morían, la contaminación estaba muy alta. Cuando mueren judíos en el mundo por ser judíos, la contaminación de la democracia es peligrosa. Los judíos son los canarios de la democracia: viven y mueren si vive o muere la libertad. Por ello, siempre que los enemigos de la democracia han crecido, han muerto judíos. Primero judíos. Después todos.

El antisemitismo es un problema de la libertad. Como lo es también ese ojo tuerto europeo que no ve más allá de sus complejos, sus esteriotipos y sus prejuicios. Europa forma parte de la solución. Pero ese huevo de la serpiente que habita en su interior, forma parte del problema.

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