Martes, 21 de diciembre de 2004 | 11:13

Las dos caras de Francia

La última acusación del embajador francés Gerard Araud acerca de la neurosis anti francesa de Israel constituye solamente una de la larga lista de acusaciones contra la actitud perjudicial, discriminatoria y a menudo soporte para terroristas del país al que representa.

por Manfred Gerstenfeld


La última acusación del embajador francés Gerard Araud acerca de la neurosis anti francesa de Israel constituye solamente una de la larga lista de acusaciones contra la actitud perjudicial, discriminatoria y a menudo soporte para terroristas del país al que representa.

Así, el tema no es si Israel debería o no haber declarado al embajador persona non grata, sino denunciar la política, el gobierno y a la sociedad francesa tras ella, con el mayor detalle que sea posible.

En la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando la existencia de Israel estaba amenazada, el presidente de Francia, Charles deGaulle, adoptó la dirección pro árabe e instituyó un embargo de armamento para Oriente Medio. En su conferencia del 27 de noviembre de ese año incluyó su declaración antisemita más conocida, llamando a los judíos "un pueblo elitista y dominador".

Este es considerado a menudo el comienzo del antisemitismo post-Holocausto en el medio democrático de Europa.

Freddy Eitan, ex embajador israelí y periodista, en un libro de próxima publicación acerca de la política de Francia en Oriente Medio, menciona que a pesar del embargo, Francia suministró a Libia aviones Mirage que Israel ya había comprado; después fueron transferidos a Egipto y utilizados en la Guerra de Yom Kippur de 1973.

Eitan señala que el ministro de exteriores francés, Jean Sauvagnargues, fue el primer funcionario occidental que se reunió con Yasser Arafat en Beirut en 1974. Un año después, la OLP abrió su primera oficina diplomática europea en París, con una carta que pide el exterminio de Israel.

Las democracias que asaltan a Israel usualmente también llevan a cabo daños al mundo occidental entero.

En 1977, el presidente francés Valery Giscard d'Estaing dio asilo, y en consecuencia respeto internacional, al Ayatolá Jomeini. Los franceses prepararon así el camino al primer estado musulmán fundamentalista, que entonces exportó el terrorismo internacionalmente.

Francia fue también el principal promotor de la Declaración de Venecia de 1980 en la que la OLP es reconocida por la Unión Europea.

En Naciones Unidas, Francia ha sido particularmente activa en la construcción del historial de votación anti Israel de Europa.

Dore Gold, ex embajador israelí en la ONU, describe así la posición francesa:

"La gran mayoría europea es frecuentemente neutral en temas de la ONU. Entonces, en las reuniones de diplomáticos europeos, el embajador francés intentar romper el consenso y empujar al grupo entero en una dirección anti israelí.

"Francia juega un papel particularmente negativo en la formación de la posición europea anti israelí en la ONU".

Gold también se refiere a la resolución de julio del 2004 de la Asamblea General de la ONU que apoya solicitar la opinión al Tribunal Internacional de Justicia acerca de la barrera de separación que Israel construye.

"Los países europeos han expresado su opinión de que la jurisdicción del tribunal era cuestionable. Una vez que el tribunal dictó sentencia contra Israel, debía abstenerse o votar contra la resolución que pedía que Israel cumpliera la opinión no vinculante del tribunal.

"En su lugar, bajo dirección francesa, la Unión Europea votó en favor de esta resolución".

Gran parte de los expertos en antisemitismo afirman que la posición anti israelí de Francia juega un papel sustancial en la creación de una infraestructura antisemita en Francia.

La violencia antijudía pasó inadvertida hasta las elecciones presidenciales de primavera del 2002. Entonces Francia se sorprendió de que un candidato de extrema derecha como Jean Marie Le Pen se convirtiera en el contrincante de Jacques Chirac venciendo al primer ministro socialista Lionel Jospin.

Condenar el antisemitismo llevó a Chirac hasta noviembre del 2003, no obstante, cuando una escuela judía de Gagny fue reducida a cenizas.

Unos cuantos meses antes, él había dicho a una delegación del Centro Simon Wiesenthal que no había antisemitismo en Francia. Camino de la reunión, algunos delegados que se cubrieron la cabeza fueron insultados con frases antisemitas en plena calle.

La política exterior de Francia puede describirse hoy como incendiaria. Intenta aplacar las llamas del antisemitismo nacional, mientras al mismo tiempo intenta alimentar el odio contra Israel.

En octubre, Nicole Guedj, la ministra judía en funciones de Francia, afirmó en el Foro Global sobre Antisemitismo de Jerusalén que Francia tiene intención de liderar la batalla europea contra el antisemitismo. Cuando reaccioné mencionando las muchas obras cuestionables de Francia, no refutó los hechos innegables, pero contestó que los judíos deberían mirar al futuro.

Una cuantas semanas después Chirac y Francia salieron corriendo para rendir tributo a Yasser Arafat, antes y después de su muerte. Honraron así a la persona que había dado al terrorismo internacional contra civiles lo que probablemente sea el mayor impulso innovador de las últimas décadas.

Recordaba a la insultante visita de Chirac a Israel en 1996, tras la que entronizó a Arafat.

No hay indicaciones de que el enfoque incendiario de Francia vaya a cambiar. También se pueden esperar esfuerzos crecientes del gobierno francés a la hora de intentar separar a la comunidad judía francesa de Israel.

Cualquier esfuerzo de Francia por extinguir las llamas del antisemitismo será contrarrestado probablemente por las nuevas llamas contra Israel con las que continúa alineándose entre las dictaduras más aborrecibles del mundo.

El papel de la embajada francesa de Tel Aviv en este enfoque es el de arrojar arena a los ojos del público israelí, incluso si el embajador repite sus citas insultantes de vez en cuando.

El escritor ha publicado recientemente con Shmuel Trigano El nuevo traje del antisemitismo europeo (en francés). Hoy trabaja en un libro acerca del creciente abismo entre Europa e Israel.

Jerusalem Post/El Reloj

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